Segundo Capítulo
No sabía por dónde empezar, su vida daba tumbos, y ni siquiera esos tumbos sabía si eran suyos o de alguien que los daba por ella.
La ciudad estaba silenciosa, sin ruidos, sin coches, sin gente en la calle... solo ella estaba andando por sus entrañas, y estaba descubriendo ciertos detalles en los que nunca se había fijado. Dónde habían ido todas sus hormigas?
Por qué tenía que descubrir todo eso justo ahora, cuando todo parecía querer abandonarla, cuando, ni su sentido común, ni su corazón, ni siquiera su razón (a la que siempre le gustaba aferrarse) le servían para nada?
Sus ojos no sonreían, estaban tristes, cómo los trópicos de Levi-Strauss, tantas cosas quería cambiar? Tantos momentos creía desaprovechados? Quizá le faltaba tiempo de reflexión, y quizá, sólo quizá, la única que podía hacerle entender era esa ciudad vacía, sin vida, sin nada que esconder, y, al mismo tiempo, escondiendo todo...
Por muy buena idea que le pareciera antes, nunca había tenido el valor suficiente de salir a la calle, de encontrarse con ese sitio a solas, porqué no quería verse sola, solo ahora cuando nada podía esconderse encontró el valor y el coraje para salir sin nada más que si misma, y las llaves de su casa en el bolsillo, a recorrer los sitios en que nunca se había atrevido a estar, en los sitios en que siempre se imaginaba, fuerte, consciente y sola, quizá fuera porqué en esos momentos no se veía tan fuerte como ahora? O quizá porqué ahora que se veía sin nada no le importaba en absoluto lo que le pasara??
Miro detrás suyo, le pareció que veía a su reflejo de juventud detrás de ella y se le escapó una pequeña risita... zarandeo la cabeza
- Estoy loca!! Tengo miedo de mi propia imagen de joven...
Siguió andando y al final encontró un pequeño bar, en una esquinita justo en el centro de su ciudad, cuando lo habían abierto? Parecía que hacía mucho tiempo que estaba allí, pero ella no lo recordaba de nunca... claro que hacía muchos años que no había puesto los pies en esa zona, decidió, que, por última vez, haría caso a su "yo joven" y entraría a tomar una cerveza, luego, cuando se la terminara, saldría de allí y volvería a casa pitando.
El bar se veía quieto, tranquilo, con pocos clientes, casi todos hombres que la miraron fijamente cuando entró, se sentó en la barra y pidió la cerveza.
El líquido ámbar le calmó la sed, los nervios, y la prisa. Cuando hubo terminado salió del bar.
El camino a casa se alargó, no podía dejar de fijarse en todos los detalles que encontraba por el camino, oír ruidos, ver luces... cómo podía haber pensado que la ciudad estaba en silencio, que estaría sola... incluso podía oír algunas conversaciones dentro de las casas...
Cuando estuvo en el ascensor se miró en su espejo... se vio un poco despeinada, y acalorada por la caminata, pero, así fue cómo vio algo en sus ojos, en el fondo de ellos parecía cómo su hubiera un poco de... que era eso, brillo?
Cuando entro en su piso el sol empezaba a asomarse por el horizonte de la ciudad, nunca se había parado a disfrutar de esa vista, y la tenía a diario, si hubiese querido... se preparo un chocolate caliente y se sentó en su sofá con vistas a la ciudad que poco a poco tomaba todos los colores del día, empezó por un azul que se iba aclarando, pasó por un amarillo tenue, un naranja potente que terminó en el brillo del sol, y cuando se hubo terminado el chocolate al cabo de una horita, decidió que era hora de irse a dormir. Cuando se levantara ya pensaría en qué había pasado.

